Me dijo: "Mirá, J. se va a bajar aqui, pero a vos que te valga... ". La buena de Lola... yo le entendí al instante.
Durante toda la noche me habían estado terapiando, ella y Mayra. Además, aunque me duela, J. me había dicho que si podíamos salir en esta ocasión para ya solo como amigos. ¿Cuántas cervezas me tomé? ¿Porqué me sentí más ligero y libre esa noche?
Así que J. se bajó del taxi sin despedirse de mí. Todos íbamos ya bien tomados, yo más que todas ellas. Lola me dijo que J. se bajaría y yo hice propósito de comportarme con tranquilidad. Ya no más de aquellas feas escenas. Celos, rabia, impotencia.
No contaba con que J. tendría que subir primero las gradas, llegar a la puerta, tocar y esperar a que él le abriera. Eras las dos y media de la madrugada. Esperar. Malditos sean esos segundos.
"Vaya" dijo Mayra, "le abrió". Y el taxista arrancó el vehículo.
¿Cuál es la consecuencia?
Que todavía me duele, y mucho.
Pero como aquí se trata de hacerme daño ¿no?, de verme las vísceras y jugar con ellas.
Correcto.
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